viernes, 11 de enero de 2008

Además, todos sabemos que aquí no se tortura...

Dice la versión oficial que hubo que golpearle porque el chaval se resistía a su detención. Sabiamos que a la Guardia Civil no podiamos pedirle grandes esfuerzos intelectuales, pero sí al menos un poco más de pericia para detener a alguien desarmado y en inferioridad numérica. Sabiamos también, que no podíamos pedirle grandes dosis de veracidad, habida cuenta de anteriores 'versiones ofiales'. Por si alguien todavía insistía en manejar, emulando a Acebes en el 11-M, dos líneas de investigación, la declaración de un testigo, coincidente con el relato de los hechos por parte de un incomunicado Igor Portu, deja a la versión oficial en el lugar de tantas otras líneas de investigación prioritarias. El lugar que habita la mentira.

Pero es la cuestión de la tortura la que también se sitúa en su lugar. Calificaba Anmistía Internacional de sistemática la prática de la tortura en el Estado español. No estamos ante un hecho puntual. Este caso simplemente ha transcendido, porque 'se les fue la mano' y no hubo más remedio que llevarlo al hospital. Pero viene precedido del relato no menos verosimil de las torturas a Gorka Lupiañez. La práctica de la tortura se constata sistemática, porque se crean y mantienen las condiciones estucturales que la posibilitan. Por una legislación antiterrorista que permite la incomunicación, y que también aplica la Ertzaintza. Por unos jueces que hacen la vista gorda ante autoinculpaciones de detenidos con la cara amoratada. Por unos responsables políticos que dan cobertura a cualquier actuación y a versiones oficiales poco verosímiles, transmitiendo sensación de impunidad.

La actitud del burócrata Rubalcaba o del nacionalcatólico Bono, viejos alumnos del felipismo, evoca los tiempos más oscuros del PSOE. La 'eficacia policial' con pretensiones electoralistas y el acoso político a la izquierda abertzale parecen justificarlo todo. La lógica de la eficacia electoral constituye la única referencia ideológica para sectores del aparato socialista, por encima de derechos humanos e incluso - y a diferencia del PP - por encima de la deslegitimación del Estado en Euskal Herria que producen hechos de este tipo. Son tan capaces de la negociación como de amparar y estimular las cloacas del Estado. Ya lo demostraron y parecen querer volver a hacerlo, eso sí, mientras critican las maldades de Guantánamo.