miércoles, 23 de enero de 2008

El PNV en su naturalidad

Que no lo ve natural. Como Rouco y Ana Botella el matrimonio entre personas del mismo sexo. Así ha desechado Urkullu la posibilidad de una coalición electoral PNV-EA-EB-Aralar. Ratifica el presidente del EBB la negativa que ya manifestó casi al momento de que Joseba Egibar soltase la propuesta mientras se comía un talo.

EA y Aralar se habían convertido en los principales valedores de una propuesta que desde el primer momento incomodó a la nueva dirección del PNV y ante la que Ibarretxe se ha mantenido en un discreto silencio. La postura de Egibar, EA y Aralar parecía coherente: la acumulación de fuerzas de todos los que apoyan la propuesta de Ibarretxe, para afrontar tanto el periodo de negociación con el Estado que ésta contempla como, en caso de fracaso del mismo, la celebración de la consulta ciudadana con su consiguiente confrontación democrática. El planteamiento de Ibarretxe, para vislumbrar unas mínimas posibilidades de éxito, requería un proceso de acumulación de fuerzas con capacidad movilizadora. Así se lo habían reclamado diversos agentes sociales para poder tomarla en serio. Así lo había reconocido incluso el propio Ibarretxe. La formación de la coalición, aunque olvidaba a la izquierda abertzale en su Guantánamo electoral, podía ser un paso en esa dirección.

Pues bien, intencionadamente o no, la propuesta de coalición ha situado al PNV en su naturaleza. Tras las disquisiciones de Urkullu sobre naturalidad, dos son las razones que aparecen en la negativa del PNV. Por un lado, las partidistas, que buscan mantener el grupo propio en el congreso para poder continuar el intercambio de cromos del que tanto gustan los jeltzales. Por otro, un temor a la posibilidad de que la coalición se interpretase como un frente abertzale, en términos de confrontación, tal como ya había avisado el PSOE. La negativa del PNV confirma no ya su renuncia a la confrontación democrática con el Estado – algo que ya sabíamos – sino incluso su renuncia a afrontar un proceso de negociación desde una mínima posición de fuerza soberanistas legitimada electoralmente.

Este episodio añade todavía más dudas a la viabilidad de la propuesta de Ibarretxe. Las dudas afectan al propio Lehendakari, que lleva años mareando la perdiz con un discurso soberanista y de defensa de las libertades tan correcto, brillante incluso, como inoperativo en la práctica. Más allá de buenas palabras, su gobierno no ha dado pasos firmes en tal dirección y, los que ha dado, han ido en la dirección contraria. El discurso que desarrolla Lakua en torno al TAV resulta incoherente con el planteamiento de la consulta, y utiliza el mismo argumentario de marcos de decisión institucionales que desde el Estado se lanza contra su pretensión de consulta. ¿Y alguien se acuerda de la asunción unilateral de competencias no transferidas? Los pasos que ha dado Lakua, como ha evidenciado el caso de Hobetuz, han ido precisamente en el sentido contrario.

Pero vale, hagamos abstracción de todo ello y confiemos en la determinación de las palabras de Ibarretxe. Pues bien, aún así, es su propio partido el que demuestra imponerle limites estructurales para cualquier escenario de confrontación democrática con el Estado. ¿De verdad alguien ve a Urkullu embarcado en un proceso de tal tipo? No parece que le resulte muy ‘natural’. Será su partido quien fuerce a Ibarretxe a un acuerdo con el gobierno español que desactive la consulta. Solo en el caso de que desde el Estado no se ofreciese una mínima salida – un improbable gobierno del PP o un obcecado PSOE – se vería arrastrado a mantener el horizonte de la consulta, pero con un claro planteamiento electoralista, en el que entonces la gran coalición sería más ‘natural’. Quienes se suman entusiastas al carro soberanista de Ibarretxe o apuestan por el ‘desbordamiento’ deben tener muy en cuenta que pueden acabar ‘trabajando para el inglés’, para un acuerdo descafeinado o haciéndole la campaña al PNV.

La estrategia de desbordamiento - sustentada en un apoyo a los planteamientos soberanistas de Ibarretxe y su propia apelación a la sociedad vasca, confiando en que esto refuerce la línea soberanista – choca de frente con la realidad de la correlación de fuerzas interna. El episodio de la coalición ha mostrado, una vez más, quiénes son los que mandan y en qué posiciones políticas están: partidismo y pactismo. Al PNV no se le desborda dándole cobertura directamente o a través de sus iniciativas satélites. Antes bien, el desbordamiento requiere de una referencia política externa: el debilitamiento electoral en las municipales, esencialmente debido a la línea pactista de Imaz y a la imposición local de las grandes infraestructuras, creó en gran medida la oportunidad política para la propuesta de Ibarretxe.

En esta coyuntura ha sido Aralar quien, coherentemente, más ha insistido en mantener la propuesta de coalición ‘por el derecho a decidir’ con o sin el PNV. Si partimos de que un desbordamiento soberanista del planteamiento de Ibarretxe requiere una referencia política externa, que contrarreste el conservadurismo de la dirección jeltzale, la pregunta entonces es: ¿puede serlo una coalición EA-EB-Aralar? Urkullu dirá si natural, pero la opción pudiera parecer atractiva a priori. El mayor escollo, la política social, parece hoy más atemperado por una evolución de EB y Aralar hacia posiciones socialdemócratas, que – en teoría – defiende EA; comparten, en cualquier caso, gobierno en Gasteiz unos y coalición en Nafarroa otros. Sin embargo, presenta serias sombras. En primer lugar parece poco viable: EB, que consideraba que difícilmente podía escapar de la gran coalición, ha aprovechado la espantada del PNV para salir corriendo y solo admitiría reeditar la alianza con Aralar; EA, por su parte, tampoco parece muy entusiasmada. Pero incluso aunque se materializara, la labor de gobierno de los socios menores del tripartito lastra su libertad de maniobra y dificulta una necesaria conexión y entendimiento con los agentes sociales y sindicales.

Que es posible una agrupación de fuerzas al margen del PNV ya lo ha demostrado Euskal Herria Bai en Ipar Euskal Herria. Pero esto remite a la cuestión principal subyacente: ¿es posible hacerlo en la CAPV sin pasar por Guantánamo? ¿se puede construir un contrapeso soberanista al PNV sin la izquierda abertzale?