jueves, 31 de enero de 2008


El panorama político de Alemania ha cambiado: desde el domingo cuenta con una quinta fuerza política en los parlamentos regionales de Hesse y Baja Sajonia: el partido izquierdista Die Linke (La Izquierda) ha logrado entrar en los dos hemiciclos con el 5,1% y 7% de los votos, respectivamente. Su presencia parlamentaria ha originado, por lo menos en Hesse, que los estrategas de los demás partidos deberán tenerlo en cuenta como nuevo actor en el oeste alemán. 17 años después de la unificación de las dos repúblicas alemanas, un partido izquierdista, radicado en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), ha conseguido asentarse en el oeste gracias a su fusión con el WASG socialdemócrata. Los demás partidos insisten en rechazar al nuevo competidor aunque dependan de sus votos. «No seré elegida ministra-presidenta con sus votos», insiste la candidata del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en Hesse, Andrea Ypsilanti.

Es fácil darse cuenta de cuál es el caminó que ha elegido la social-democracia alemana cuando se conocen las condiciones que Oskar Lafontaine puso sobre la mesa para poder votar a un canciller del SPD. Eran, más o menos, las siguientes: 1/ retirar las tropas alemanas desplazadas en Afganistán, 2/ establecer un Salario Mínimo Interprofesional, 3/ revalorizar las pensiones de jubilación más bajas, y 4/ reforzar la seguridad social y el sistema de prestaciones de desempleo. Pero incluso este programa de mínimos era "demasiado revolucionario" para los social-demócratas. Prefirieron gobernar con la derecha bajo la dirección de Angela Merkel, renunciando a la posibilidad de un gobierno verdaderamente de izquierdas.

¿Cuáles son las peculiaridades más remarcables de la nueva fuerza política? En primer lugar, sostiene un punto de vista de izquierda, apelando a la necesidad de ensanchar las libertades, y de modificar la ley como medio para hacer progresar políticas de igualdad. En cierto modo, su programa exige superar la etapa en la que en Alemania las relaciones sociales y contractuales en el interior de la empresa eran vistas como el único método de gestión del compromiso social. Ahora, por ejemplo, se reivindica un Salario Mínimo regulado por el Estado. También se demanda el derecho a impulsar «huelgas políticas»; es decir, huelgas contra proyectos de leyes gubernamentales (en Alemania, únicamente se autorizan las huelgas relacionadas con los temas de la empresa).

El programa político formulado incluye nacionalizaciones, a los niveles municipal, regional o nacional, y otros instrumentos claves que dan un sentido real a la soberanía popular. Han debido transcurrir muchos años para que la palabra nacionalización aparezca de nuevo con fuerza en el vocabulario político alemán. Muchas de las reivindicaciones responden, esencialmente, a la necesidad de abordar la crisis ecológica. Por esta razón, se da mayor importancia al sector de la energía y al del agua.

Profundización de las libertades para garantizar la igualdad, soberanía popular -no únicamente formal- sino sobre las cuestiones vitales, desarrollo de los derechos laborales, lucha por la paz,.... En pocas palabras: Die Linke reformula claramente los objetivos del combate de la izquierda.