jueves, 3 de enero de 2008

Por la esperanza

El final del conflicto vasco comenzará a realizarse cuando se gane la batalla de la opinión pública

Txema Ramirez de la Piscina
Berria

Traducido para Rebelión por Daniel Escribano

2007 ha sido un año duro. Los optimistas se han convertido en especie en trance de extinción. La crueldad del Estado y la ceguera de ETA han ido de la mano. La consecuencia es evidente: desespero en todas partes. En este mal ambiente me ha llegado a las manos un interesante artículo del psiquiatra Blas Erkizia. Lleva por título «Felicidad, la esperanza de cada día». Ha aparecido recientemente en la revista Larrun publicada en el semanario Argia. El punto de partida del artículo es un pensamiento de apariencia de todo punto paradójica: «debilidad, inseguridad e ignorancia constituyen el único patrimonio del ser humano». El mismo origen es el eje de este artículo; en efecto, mucha gente se ve actualmente sin fuerzas, desprotegida y sin rumbo (también yo mismo, ¿por qué negarlo?).

Erkizia explica de esta forma la paradoja: «la fuerza surge en la debilidad, la seguridad se sostiene en la inseguridad y la sabiduría cuaja en la ignorancia». Numerosos problemas y conflictos políticos se eternizan y pudren con la excusa de que «ahora no es el momento apropiado». Sin embargo, Erkizia sigue en la suya: «la esperanza parte de la oscura realidad del momento. La esperanza es sólo cosa del presente. La felicidad se construye en la corrección de los caminos cotidianos».

Europa como eje. El ver cómo ha cambiado el mapa de Europa desde la caída del muro de Berlín nos ha dado vía a la esperanza. De los 49 estados que forman el viejo continente 17 son de creación reciente. Los otros dos ―Alemania y Rusia― han aumentado o reducido sus fronteras significativamente.
De las naciones que han devenido estado, seis están en la Unión Europea sin grandes problemas: Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y la República checa. En los próximos meses o años pueden tomar el camino de la independencia Kosovo, Flandes y Escocia.

Los viejos axiomas han quedado patas arriba. Las fronteras no son intocables ni inmodificables. El camino que han utilizado esos países para obtener la independencia es diferente. Cada cual ha tenido el suyo propio. Pero en todos los casos se ha acatado la voluntad popular; también en todos los casos la diplomacia ha sido decisiva, es decir, tener aliados aquí y allá.

Cada vez que alguno de estos países ha obtenido la independencia, la reacción de las autoridades de Madrid ha sido excéntrica, patética, mejor dicho: «No, no, defender la independencia de Kosovo no tiene relación alguna con la realidad que hay en Euskadi», ha dicho Miguel Ángel Moratinos. Ni la de Kosovo, la de Bielorrusia, la de Georgia, la de Ucrania ni la de Macedonia. Los ciudadanos vascos no somos de este mundo, somos marcianos.

Con todo, vivimos en este planeta. La verdad es que somos diferentes. Y por eso, precisamente porque somos diferentes, es posible establecer comparaciones. Aristóteles estudió magistralmente el arte de la comparación y la metáfora. De hecho, las comparaciones sólo son posibles entre realidades diferentes. Comparar lo igual carece de sentido. El profesor de ciencia política y periodista Xosé Luís Barreiro lo ha explicado muy claramente: «Si los medicamentos que experimentan en la médula ósea de un ratón pueden servir a un parapléjico, ¿por qué no puede servir el proceso de pacificación de Irlanda, por ejemplo, al País Vasco?». Si se aprende de abejas y chimpancés, ¿por qué no podemos aprender de irlandeses o escoceses? Diferentes en origen; iguales, en cambio, en el momento de la búsqueda de soluciones.

Ha desaparecido la Europa bipolar de la época de la guerra fría. Tenemos como modelo a una Europa multipolar. Está en trance de construirse, se está construyendo, la Europa de los pueblos. Sirvámonos de los nuevos paradigmas y sinergias que están surgiendo.

Soberanía social. En Europa las nuevas situaciones se han basado en la libre voluntad de la mayoría. Conseguir la adhesión de la mayoría, seducir su corazón, atraer su voluntad. He ahí el objetivo, he ahí el reto. Pero ¿cómo lograrlo? ¿Con la propuesta de Ibarretxe? Ibarretxe ha centrado su programa en el derecho a decidir. He ahí el lema.
En lo atinente al tren de alta velocidad, en cambio, nos han negado el derecho a decidir. Es cierto que lo ha decidido el Parlamento. No obstante, a menudo se ha demostrado que el mandato de los parlamentos y la voluntad de los ciudadanos no van de consuno.
La mayor inversión jamás realizada en el País Vasco en temas de infraestructuras no puede pasar desapercibida, sin debates en la televisión pública. ¿De qué tiene miedo Nuria López de Gereñu?1 ¿Dónde reside la soberanía? ¿Para qué nos sirve el derecho a decidir si no somos capaces de aplicarlo dentro de casa?

Necesitamos otro tipo de soberanía; un movimiento social sólido e innovador, de bases civiles, amplias y sinceras, capaz de enlazar la identidad con las reivindicaciones de la alterglobalización.
El final del conflicto vasco comenzará a realizarse cuando se gane la batalla de la opinión pública. Esa batalla no puede ganarse mediante la imposición ni por medio de cloratita. De forma metafísica es imposible, porque se basará en la libre voluntad de la ciudadanía o, de lo contrario, no se realizará.

Esa batalla se librará en diversos terrenos: en el País Vasco, en España, en Francia y también en Europa, claro que sí. Debe crearse un movimiento simpático, amable, generoso, capaz de formar aliados; firme en la defensa de todos los derechos humanos, pero sin renunciar a la simpatía. En mi modesta opinión, si se materializara ese movimiento, sería imparable.

Acabaré con otro pensamiento del psiquiatra Erkizia: «la felicidad es que cada cual se cargue a su espalda su pasado2 y la esperanza que construye en una realidad cruda».

* Txema Ramirez de la Piscina es profesor de la Universidad del País Vasco y autor de Formación de portavoces. Los movimientos sociales ante la esfera pública (2006), Ikus gaitzazuen; bestelako komunikazioa: alternatiba kritikoak (2004), Al filo de la (in)comunicación; prensa y conflicto vasco (2002) y Ertzaintza ¿héroes o villanos? (1992).
Berria, 30 de diciembre de 2007

Notas:

1 Consejera de Transportes y Obras Públicas del Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca. (n. del t.)
2 Lepoan hartu se puede traducir, entre otras versiones posibles, como ‘cargárselo a la espalda’, si bien también es el inicio del estribillo de una canción épica vasca, donde leemos si en el camino te cae un hermano, cárgatelo a la espalda y sigue adelante. (n. del t.)