miércoles, 28 de enero de 2009

Crisis económicas y autogobierno (II)

Ramón Zallo

DEJANDO aparte temas no menores como la normalización convivencial, cultural y política, hay algunos factores políticos adversos para el cambio económico. El modelo autonómico fue antes plataforma para el despegue, y hoy es tapón para el desarrollo.

Nuestras debilidades

No controlamos algunas constantes. Por ejemplo, la recentralización económica de sedes sociales, decisionales y fiscales en la región de Madrid continúa a pesar del Estado de las Autonomías. ¡Qué contradicción! Otro ejemplo, la falta de implicación del sector público estatal durante dos decenios en la reindustrialización vasca -que debía seguir a la reconversión de los 80 y primeros 90- supuso una descapitalización colectiva que debimos afrontar con nuestros propios medios. El Cupo fue una sangría entonces. El PSOE de González sólo afrontó parcialmente la factura social pacificadora y nos dejó tirados para el resto.




A) En el terreno económico lo más nocivo ha sido el corsé de la falta de competencia política sobre varios dominios decisivos para una economía avanzada.

-Durante 30 años la competencia exclusiva en ciencia y tecnología no ha estado transferida obligando a detraer financiación de otras funciones. Los últimos compromisos apuntan a una corrección.

-La falta de competencia en infraestructuras de transporte, comunicaciones (autopistas, ferrocarril, aeropuertos, puertos,…) y telecomunicaciones, ha impedido que los necesarios planes -en plazos, formas, autoridades y cuantías- fueran acordes a las prioridades vascas, frenando el desarrollo.

-En una economía esencialmente abierta y exportadora, la ausencia de competencia en las relaciones internacionales y de representación en organismos internacionales decisorios sobre áreas de interés vasco como la UE (fiscalidad, sectores…) ha lastrado desarrollos.

-La ausencia de una capacidad de regulación básica en materias amplias como educación, banca, seguros, empleo, negociación colectiva, infraestructuras de transporte, comercio… indica la lejanía del modelo respecto a un Estado federal y ha obligado a políticas colaterales complementarias para evitar los desaguisados.

B) En lo social, una sociedad avanzada con la renta per capita más alta del Estado, necesitaba poder disponer de mecanismos de redistribución y de integración colectiva ante los riesgos de que la brecha social se expandiera y como garantía de contribución al crecimiento sostenido de la demanda interna.

-La no transferencia de la Seguridad Social y las políticas activas y pasivas de empleo ha dificultado un modelo social avanzado, generándose una contradicción entre el crecimiento económico regular y el retraso de las políticas sociales para reabsorber sus costes ecológicos y sociales.

-Es patente la necesidad de un marco vasco de relaciones laborales para recuperar interlocución y un perfil más social en la regulación laboral.

-Asimismo al no disponer de competencias compartidas en algunas nuevas cuestiones, inmigración, por ejemplo, que son competencia exclusiva del Estado, se ha carecido de una herramienta importante de gestión y de integración cívica y social.

Claro que cabe la duda más que razonable sobre qué política social interna se hubiera aplicado de haberse producido esas transferencias. La ventaja añadida hubiera sido saber a quién atribuir, caso de producirse, una gestión anti-social. Lo ocurrido en el terreno fiscal -su carácter homologable con el español- o la fuerte regresión de las rentas del trabajo en la renta nacional vasca, no son un buen precedente. Hay temas que, dependiendo sólo de los vascos, se han hecho mal. Otro ejemplo, el gasto en prestaciones sociales por habitante en la CAE es el mayor en el Estado, pero no lo es en relación al PIB.

Por lo tanto, no sólo en el ámbito estrictamente político y convivencial, sino también en el económico y social, se necesita un nuevo marco político y de proyecto, acorde con las necesidades afloradas y que son distintas a otras sociedades, dadas la especialización industrial y la apertura comercial. Otro tema, necesario y distinto, es la corresponsabilidad mientras se comparta Estado.

Algunas pautas

En primer lugar, parece llegado el momento de tener un proyecto colectivo y unas estrategias definidas y específicas con centro en la innovación. Pero hay riesgo de que la orientación estratégica de la 2ª Transformación Económica y Social (Sociedad del Conocimiento, Investigación y Tecnología y Calidad total), sea de innovación puramente tecnológica o industrial y, al final, se traduzca en una transferencia pública más al empresariado, sin control de resultados ni socialización de los beneficios. También es innovación innovar socialmente el camino (el proceso de definición). Malo sería no tener el arrope social en un proyecto de transformación y cohesión del país.

En segundo lugar, las herramientas de gestión económica actuales son muy insuficientes para los retos de nuestra economía industrial y meta-industrial en una época de crisis estructural. Necesitamos acelerar transferencias decisivas tanto económicas (infraestructuras, I+D, relaciones internacionales) como sociales (seguridad social, empleo, laboral, inmigración) y asumir políticas imaginativas.

En tercer lugar, las fusiones de cajas y una banca pública se adivinan como medidas de urgencia, aunque tendrían que venir de la mano de un código de conducta: compromiso con la producción y la innovación y solidaridad con los sectores frágiles (hipotecados y acceso al alquiler, por ejemplo).

En cuarto lugar, nuestro hinterland de operaciones ya no es sólo la CAE sino Euskal Herria en su conjunto -la eurorregión vasca-, los territorios limítrofes y el espacio relacional económico conectado por una economía abierta.

En quinto lugar, el ámbito más decisivo donde nos jugamos el porvenir es en el Saber: en la calidad y diversidad de la educación en todos sus niveles y los aprendizajes; en las estrategias para compartir el conocimiento; en la autonomía como país en el acceso al conocimiento. Se requiere una estrategia cooperativa global al respecto.

Por último, para canalizar todas las energías de un proyecto ilusionante e innovador se requiere endeudamiento público, un consenso sobre un proyecto con óptica social, un cambio político mediante un Estatuto nuevo con contenidos decisionales y una gobernanza con los agentes sociales.

En el ínterin tendremos que hacer camino al andar. Sin todo ello serán los conflictos los que repartan roles y decanten, lenta, dura y cansinamente, el porvenir. Será lo probable si falta madurez.

* Economista y catedrático de Comunicación de la UPV-EHU