jueves, 12 de junio de 2008

CRISIS, PETRÓLEO CARO Y CÓMO SE REPARTEN SOCIALMENTE LOS COSTES DEL AJUSTE

Angel Martinez de Antoñana

Está estos días nuestro buen presidente Zapatero afrontando su primera crisis, con movilizaciones y huelgas de transportistas, taxistas, agricultores y pescadores. Hasta ahora la coyuntura económica le había soplado a favor y será interesante ver cómo se comporta ante el nuevo panorama.

Hasta hoy nos mantenemos técnicamente en el eufemismo del término “desaceleración” pero parece que se han juntado todos los boletos para pronosticar una “crisis de caballo”.




Hay dos componentes:

-Una crisis energética, mundial, vinculada al encarecimiento del petróleo.

-Otra parte diferenciada según países, porque la crisis va por barrios, y no afecta lo mismo a unos países que a otros.

Hay países que les va a ir bastante mal, como España. Se ha agotado la construcción, tiene un modelo productivo poco tecnológico, muy intensivo en recursos naturales y explotación del territorio, con un alto peso del transporte por carretera y escaso del ferrocarril. Comparte con Estados Unidos una fortísima crisis inmobiliaria y un alto déficit comercial.

A Alemania le está yendo algo mejor, como muestra su excelente balanza comercial. Su nivel tecnológico es muy superior y empieza a moverse en sectores de mayor eficiencia y energías renovables. Euskadi, dentro de España, puede decirse que se parece un poquito más a Alemania.



En todo caso creo que lo primordial es ver cómo reaccionamos frente al encarecimiento del petróleo y en este sentido las medidas planteadas por el gobierno y los medios de comunicación son, de momento, bastante decepcionantes.

Hay que asumir que se trata de una crisis estructural, que pone en cuestión todo nuestro modelo productivo, casi nuestro modelo civilizatorio me atrevería a decir.



Los transportistas son el sector más visible de la crisis. Sin embargo, pescadores o agricultores son también tanto o más afectados. Porque hoy en día los campos no se cultivan con agricultores sino que se cultivan con petróleo (petróleo en forma de máquinas o de fertilizantes). Y los peces no los cogen los pescadores sino los barcos arrastreros. El peso de la mano de obra en estas actividades es cada vez más pequeño y el de la energía cada vez mayor. Quiero decir con esto que si se dobla el precio de la energía es de esperar un aumento de magnitud similar en el precio de los alimentos.

El alto precio del petróleo no es un fenómeno coyuntural, tenemos que asumir que cada vez va a ser más caro. De hecho, un informe presentado el 21 de mayo en Berlín dice que ya hemos sobrepasado el máximo anual de producción y que en el futuro cada vez será más escaso. Es la teoría del pico del petróleo, hace 8 años patrimonio de los ecologistas y al día de hoy cada vez más asumida por los expertos y cabezas pensantes del establishment.

En resumen, a niveles agregados, como sociedad, vamos a tener una energía más cara, unos alimentos más caros, tendremos que comer más vegetal y menos proteínas animales, hacer menos viajes al extranjero. El problema es cómo se van a repartir los costes del ajuste. Y en esto creo que deberíamos asumir que el transporte por carretera y la pesca industrial son sectores a reconvertir. Hay que reducir el empleo en ellos y canalizar a sus trabajadores, con las ayudas necesarias, hacia la construcción y explotación de ferrocarriles, hacia el desarrollo de las energías renovables y a promover la eficiencia, el ahorro y el reciclaje de materiales en todo el proceso productivo, a ecologizar una agricultura que necesitará de más campesinos y campesinas que ahora.

Por desgracia poco se habla de esto, parece que deberemos hacer el ajuste de forma traumática y que cada cual se las deberá arreglar como pueda. Más paro, familias con dificultades económicas, inmigrantes repatriados y ni hablar que aporten hoy algo más los que han engrosado sus beneficios en el anterior ciclo de crecimiento.