miércoles, 17 de diciembre de 2008

Jauregui y ETA contra el ecologismo

Escribe hoy Ramón Jauregui un artículo en el diario de Cebrián
www.elpais.com/articulo/opinion/Lemoniz/Leizaran/elpepuopi/20081217elpepiopi_5/Tes
dedicado a mentir de la forma más ruin para sacar adelante su apoyo al TAV y al modelo de desarrollo depredador instaurado por su partido. Para ello, intenta concluir que estar por el TAV y estar contra ETA es lo mismo en estos momentos.

Estudiemos su argumentación para ver cómo se desenmascara a sí mismo:



- Empezaré reconociendo mi acuerdo con que Lemoiz no lo paró ETA sino la gran mayoría del pueblo vasco. Es más, lo que si paró y frenó ETA fue al movimiento ecologista vasco que tardó años en recuperarse. Y también: si el PSOE no apoyó (ni se opuso) a Lemoiz fue porque eran otros tiempos, los tiempos del partido de "100 años de honradez (sic) y 40 de vacaciones".

- También estoy de acuerdo en que la autovía de Leitzaran apenas redujo su impacto medioambiental. Sigue siendo una obra maldita y aquí ETA solo sirvió para volver a anular un movimiento popular fuerte contra el desarrollismo salvaje, el mismo en el que medraba el partido del Sr. Jauregui.

- Pero Jauregui sigue prefiriendo magnificar el papel de ETA en el TAV ya que, según él, no sólo se dedica a lo suyo (asesinar) sino también a dirigir el movimiento popular de oposición a este transporte. Y como toda prueba cita la pancarta de la manifestación de Durango ("geldituko dugu"). Jauregui miente porque sabe que la gran mayoría de los que estuvimos allí y cartas de los convocantes más conocidos exigieron públicamente a ETA que nos dejase en paz.

Es posible que Jauregui esté acostumbrado a la hipocresía de su partido. Porque "lo pararemos" es una consigna mucho más clara que "OTAN de entrada NO". Aunque su intento de hacer un totum revolutum con ETA y el ecologismo sirva para confundir a la opinión pública calificándonos de etarras o filoetarras. Nosotros no caeremos en esa provocación ni le acusaremos de terrorista o filoterrorista por ser el jefe de su partido en Euskadi cuando el Sr. X organizó los GAL (por cierto, las malas lenguas dicen que esa es la razón de que haya cedido la candidatura de lehendakari a ese inútil, pero ese es otro tema ¿o no?).

- Jauregui apela a nuestra dignidad como pueblo vasco para aprobar el TAV y afirma que lo apoya su voluntad soberana. Aunque nos cause risa verle tan demócrata y soberanista, si está tan seguro ¿por qué no se arriesgan a un referendum en el que las dos partes nos den sus razones? ¿por qué esconden que la mayoría de los sindicatos vascos (ELA, LAB, ESK, STEE...) y todas las organizaciones ecologistas están en contra del TAV? ¿por qué no pactaron un modelo de tren sostenible con la izquierda (EB, Aralar, sindicatos, organizaciones sociales...) en vez de hacerle el trabajo sucio al gran capital? Es verdad, nos la jugamos. Y posiblemente perderemos a pesar de nuestra optimista consigna. Pero cada vez somos más los que estamos hartos de los desmanes del Poder, ya sea este el de ETA o el del Estado, cada vez somos más los que creemos que otro mundo es posible y otra forma de desarrollarlo también.

- No puedo acabar sin referirme al asqueroso final de Jauregui que afirma que todos (los vascos) nos la jugamos con el TAV "porque si el terror impone su voluntad, la mafia impone su ley" y acaba citando a Cicerón con su frase "Que las armas se sometan a las togas".

Hay que enseñarle a Jauregui que Cicerón fue un personaje despreciable que ejerció de vocero de los aristócratas y de la dictadura de Sila, la cual asesinó a todo demócrata que pudo encontrar. Una vez perpetrado ese genocidio era fácil rebuznar esa rimbombante frase para acabar con la ingenua asonada del demócrata Catilina (mientras Quinto Sertorio seguía luchando por la libertad... en Hispania). Es como si Goebbels llamase a los judíos alemanes a respetar la justicia nazi.

En su defensa, ya sé que Jauregui no lo ha entendido. Por eso, me permito recomendarle la excelente divulgación de Colleen McCullough. Y tal vez que relea la última frase del excelente libro de Wittgenstein: "De lo que no se sabe, más vale callarse".